La década de los setenta fue el momento en que Ferrari pasó de la elegancia clásica del V12 delantero a una lectura mucho más moderna del rendimiento. Aquí repaso los modelos que marcaron ese giro, qué cambió en la mecánica y por qué siguen siendo una referencia si te interesa la ingeniería de verdad. También te dejo una mirada práctica para distinguir qué aporta cada coche y qué conviene revisar hoy antes de comprar, restaurar o simplemente valorar uno de estos clásicos.
Lo esencial de los Ferrari de los años 70
- La década mezcla los últimos grandes V12 frontales con la llegada del motor central como nueva norma de rendimiento.
- El 365 GT4 BB fue el gran punto de inflexión: bóxer de 12 cilindros, motor central y un enfoque mucho más radical.
- El Dino 308 GT4 abrió la puerta al V8 central de producción, y el 308 GTB consolidó esa línea con una carrocería muy ligera en sus primeras series.
- Los 2+2 como el 365 GTC/4 y el 365 GT4 2+2 muestran la vertiente más utilizable de Ferrari en esa etapa.
- Si evalúas uno hoy, la documentación, la corrosión, la coherencia mecánica y el historial de mantenimiento pesan tanto como la potencia.
La década en la que Ferrari cambió de piel
Yo separo los setenta en dos mitades bastante claras. Al principio todavía domina el Ferrari más reconocible: capó largo, V12 delantero, cajas manuales de tacto mecánico y una manera de viajar rápido que sigue siendo muy de gran turismo. Pero a medida que avanza la década, la marca empieza a moverse hacia otra idea de rendimiento, más compacta, más centrada y mucho más cercana a la tecnología de competición.
Ese cambio no fue caprichoso. El mercado pedía coches más utilizables, el contexto energético y regulatorio se volvió más exigente y la evolución técnica de la época empujó hacia arquitecturas distintas. Ferrari respondió con una gama que, vista hoy, parece una radiografía perfecta de transición: el Daytona todavía representa el clasicismo, el Dino 246 GT une la etapa anterior con la nueva y, desde 1973, el 365 GT4 BB y el Dino 308 GT4 dejan claro que el motor central ya no era un experimento, sino una dirección de futuro.
Lo interesante es que Ferrari no abandonó una receta para abrazar otra de forma inmediata. Conviven varias filosofías a la vez, y eso hace que esta década sea tan rica: no hay un solo Ferrari setentero, sino varios, cada uno con una respuesta mecánica distinta. Con ese mapa en la cabeza, los modelos concretos se entienden mucho mejor.

Los modelos que mejor resumen la década
Si tuviera que explicar los setenta de Ferrari con una sola tabla, la haría así. No porque agote todos los modelos, sino porque muestra muy bien la transición entre el GT clásico, el gran turismo más maduro y la nueva era del motor central.
| Modelo | Año | Configuración | Por qué importa |
|---|---|---|---|
| Dino 246 GT/GTS | 1969-1974 | V6 central, dos plazas | Fue el primer road-going V6 de Ferrari y su primer coche de calle con motor central; además, abrió el lenguaje estético que la marca explotaría después. |
| 365 GTB/4 Daytona | 1968-1973 | V12 delantero, dos plazas | Representa el último gran Ferrari clásico de motor delantero. Su V12 de 4,4 litros y 352 CV lo convirtió en una referencia de velocidad y presencia. |
| 365 GTC/4 | 1971-1972 | V12 delantero, 2+2 | Más discreto y más cómodo, pero muy coherente: 340 CV y una vocación real de viaje rápido con dos plazas traseras ocasionales. |
| 365 GT4 2+2 | 1972-1976 | V12 delantero, 2+2 | Es el gran turismo de Ferrari más lógico de la primera mitad de la década: 340 CV, 245 km/h y una fórmula pensada para usar, no solo para admirar. |
| 365 GT4 BB | 1973-1976 | Bóxer de 12 cilindros central | Marca el gran salto técnico. Su motor de 4390,35 cc, unos 265 kW y 300 km/h de punta cambian por completo la idea de Ferrari de calle. |
| Dino 308 GT4 | 1973-1980 | V8 central, 2+2 | Fue el primer Ferrari de producción con V8 y el primer V8 central 2+2. Es una pieza clave para entender la futura familia de V8 de Maranello. |
| 308 GTB | 1975-1980 | V8 central, dos plazas | Con 188 kW (255 CV) y las primeras series en fibra de vidrio, convirtió el V8 central en una vía comercial real y muy influyente. |
Hay un matiz que me parece muy importante: el Dino 208 GT4, pensado sobre todo para Italia, demuestra hasta qué punto Ferrari también se adaptaba a la fiscalidad y a las reglas del mercado. No era solo ingeniería por gusto; era ingeniería aplicada a vender coches en condiciones muy concretas. Y eso ya te dice bastante de la década.
Si tengo que elegir dos coches que resumen el giro completo, me quedo con el 365 GT4 BB y el 308 GTB: uno abre la era del 12 cilindros central en carretera, el otro convierte el V8 central en una línea con futuro. Lo que cambia ahí no es solo el número de cilindros, sino la manera de pensar el coche. Y ahí es donde el volante empieza a contar otra historia.
Cómo se conduce cada arquitectura
La ficha técnica no basta para entender un Ferrari de esta época. El motor, la posición, el peso y la respuesta del chasis cambian mucho la experiencia real. Yo lo noto sobre todo en tres familias: los V12 delanteros, el bóxer central y los V8 centrales.
V12 delantero, el Ferrari más clásico
En coches como el Daytona, el 365 GTC/4 o el 365 GT4 2+2, la sensación es la de un gran turismo serio, largo y muy estable. El capó pesa visualmente, la dirección transmite más inercia que en un coche moderno y el coche invita a enlazar curvas rápidas con mucha fluidez. No es un Ferrari de ataque inmediato; es un Ferrari de recorrido largo, de ritmo sostenido y de sonido lleno.
Lo mejor de estos V12 es que no necesitan subir el tono para resultar convincentes. Su empuje es lineal, el cambio manual forma parte del ritual y, en carretera abierta, suelen parecer más relajados de lo que su imagen sugiere. Si buscas un clásico que combine presencia y distinción mecánica, esta es la rama más natural.
Bóxer de 12 cilindros, el punto de inflexión
El 365 GT4 BB cambia el lenguaje. El término bóxer describe un motor con cilindros opuestos horizontalmente, lo que ayuda a bajar el centro de gravedad y a colocar la masa de forma mucho más eficaz. Esa idea, unida al motor central, da un coche más recogido, más tenso y mucho más cercano a la experiencia de competición.
Yo aquí ya no hablaría de gran turismo en sentido tradicional. Hablaría de un Ferrari que te pide más precisión, más respeto por la temperatura de trabajo y una lectura más fina del acelerador. Es rápido de verdad, pero también más serio en sus reacciones. En un uso intensivo, el equilibrio mejora mucho respecto a los V12 frontales, aunque a cambio pierdes parte de la amabilidad del coche de viaje.
V8 central, el Ferrari que se vuelve más explotable
Con el Dino 308 GT4 y el 308 GTB aparece otra lógica: menos cilindrada, menos masa percibida y una respuesta más directa entre volante y eje trasero. El 308 GTB, además, suma algo clave en sus primeras series: carrocería de fibra de vidrio y lubricación por cárter seco, es decir, un sistema que separa el aceite del cárter convencional para evitar problemas de engrase en uso exigente y ayudar a bajar el conjunto motor.
Ese detalle técnico importa más de lo que parece. Un 308 bien mantenido se siente más ligero, más ágil y más fácil de colocar que un gran V12 delantero, pero sigue exigiendo disciplina. No perdona neumáticos cansados, frenos fatigados ni una puesta a punto improvisada. Ahí está su encanto: es un Ferrari más accesible en sensaciones, pero no menos auténtico.
Por eso la elección de arquitectura cambia tanto la experiencia. No estás comparando solo versiones; estás comparando maneras distintas de entender la conducción. Y eso me lleva a la pregunta que suele importar de verdad: cuál conviene elegir según el uso que le vas a dar.
Qué elegir según lo que buscas
Si me pidieran ordenar estos coches por perfil de conductor, lo haría sin vueltas. No hay una respuesta universal; hay un coche mejor para cada tipo de uso y de sensibilidad.
| Lo que buscas | El que mejor encaja | Motivo práctico |
|---|---|---|
| Gran turismo puro | 365 GTB/4 Daytona | Es el más icónico de los V12 frontales y mantiene el equilibrio entre presencia, velocidad y tacto clásico. |
| Viajar rápido con algo más de comodidad | 365 GTC/4 o 365 GT4 2+2 | La fórmula 2+2 ofrece más uso real sin renunciar al carácter Ferrari ni al V12 delantero. |
| El salto técnico más radical | 365 GT4 BB | Es el coche que mejor representa el paso a la era del motor central de 12 cilindros. |
| Un clásico ligero y muy reconocible | 308 GTB Vetroresina | Las primeras series pesan menos, se sienten muy vivas y tienen una demanda muy alta entre coleccionistas. |
| Un Ferrari raro con cuatro plazas útiles | Dino 308 GT4 | El diseño de Bertone divide opiniones, pero técnicamente es una pieza clave y muy interesante de conducir. |
Si yo tuviera que hacer una selección puramente racional, pondría el Daytona si quiero emoción de GT clásico, el 308 GTB si busco equilibrio y el 365 GT4 BB si quiero el hito técnico más importante. El 308 GT4 merece más respeto del que suele recibir, precisamente porque no intenta gustar a todos. Y ese tipo de honestidad, con los años, se valora mucho.
Antes de dejarse llevar por el mito, sin embargo, conviene mirar el lado menos romántico del asunto. En un Ferrari de esta época, el estado real del coche puede separar una compra brillante de una restauración interminable.
Qué reviso antes de comprar o restaurar uno
Aquí soy bastante poco sentimental. Un Ferrari de los setenta puede ser maravilloso, pero también muy exigente si la base no está bien resuelta. Yo revisaría siempre estas cuatro áreas antes de ponerme a hablar de rareza o de inversión.
Carrocería y estructura
La corrosión sigue siendo el gran enemigo en los coches con carrocería de acero. Zonas bajas de puertas, pasos de rueda, piso, bordes de lunas y uniones de paneles suelen delatar reparaciones antiguas o humedad acumulada. En un 308 GTB de primeras series en fibra de vidrio, la amenaza no es la óxido, pero sí las reparaciones mal hechas, las grietas y las capas de pintura que tapan daños previos.
Yo siempre digo lo mismo: una restauración demasiado brillante puede ser una señal de alarma si no viene acompañada de fotografías, facturas y coherencia estructural. La pintura se rehace; la geometría, no tan fácilmente.
Motor, carburación y refrigeración
En estos Ferrari, la respuesta en frío, la estabilidad del ralentí y la forma en que sube de vueltas dicen mucho más que una cifra de potencia. Carburadores desajustados, manguitos envejecidos, fugas de aceite o un sistema de refrigeración cansado pueden arruinar la experiencia en cinco minutos. Si el coche tiene varios cuerpos de carburador, la sincronización debe ser impecable para que el motor no se sienta tosco ni irregular.
En un 365 GT4 BB o en un 308 GTB, además, me fijo especialmente en la salud térmica. Un coche que se calienta en tráfico o en marcha lenta no está pidiendo un detalle menor; está avisando de un problema estructural de mantenimiento.
Transmisión y tren rodante
La caja manual debe entrar con precisión, sin asperezas innecesarias ni holguras exageradas. En un Ferrari con cambio de la época, el tacto del selector, el estado del embrague y la salud del diferencial importan mucho. También reviso silentblocks, rótulas, amortiguadores y juego en la dirección, porque un clásico de Maranello con suspensión cansada pierde más carácter del que parece en una primera prueba.
Los frenos merecen la misma atención. No basta con que el coche frene; hay que ver si lo hace con mordida, tacto y estabilidad. En una máquina de este nivel, una frenada mediocre suele indicar que hay más trabajo pendiente del que se ve a simple vista.
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Documentación y originalidad
Para mí, la coherencia entre chasis, motor, caja y configuración original pesa muchísimo. No hablo de obsesionarse con la pureza de museo, sino de entender qué coche tienes delante. Un Ferrari muy modificado puede ser más fácil de usar, sí, pero también más difícil de valorar, de mantener y de revender con tranquilidad.
Si además conserva colores, tapicería y componentes acordes a su especificación de origen, mejor. En este tipo de coches, la historia documentada vale casi tanto como la mecánica. Y a veces, más.
Con todo eso encima de la mesa, ya no miras estos Ferrari como piezas de museo, sino como máquinas vivas que exigen criterio. Y eso es justo lo que los sigue haciendo tan interesantes hoy.
Lo que estos Ferrari siguen enseñando en 2026
La gran lección de esta década es que Ferrari aprendió a convivir con varias identidades sin romper su esencia. Los V12 frontales dejaron la idea del gran viaje rápido; el BB abrió la puerta al motor central de 12 cilindros; y el 308 GTB convirtió el V8 central en una línea que marcaría buena parte del futuro de la marca. No son simples modelos de una década bonita: son piezas que explican por qué Ferrari sigue teniendo un lenguaje propio.
Si me preguntas qué me enseñan todavía, te diría que me recuerdan algo muy concreto: un coche rápido no tiene por qué ser agresivo en la misma dirección, y un clásico valioso no lo es solo por su rareza. Lo es por la claridad de su concepto, por la forma en que se conduce y por lo bien que ha sobrevivido al paso del tiempo. Por eso, cuando valoro un Ferrari setentero, siempre busco la misma combinación: historia limpia, mecánica sana y una configuración que tenga sentido con el uso real que le darás.
Si tuviera que dejar una idea final, sería esta: en los Ferrari de los setenta, el mejor coche no es necesariamente el más potente ni el más raro, sino el que conserva mejor su coherencia técnica. Daytona, BB, 308 GTB o 308 GT4 cuentan historias distintas, pero todas funcionan cuando la base está bien resuelta. Y ahí es donde yo pondría siempre el foco antes que en el brillo del emblema.